Bajémosle al folclore ambiental

¿Qué es un “Hotel” de insectos?
25/05/2019
Director Fundación Huella Sostenible

Esta semana mientras hablaba con un amigo me dijo: “¿vio la foto dónde se veía a Greta usando plástico?” Yo le pregunté qué tenía esto de malo, a lo que él respondió: “si ella es tan ambiental como dice ser, ¿por qué usa plástico?” Mi respuesta fue: “porque el plástico se recicla, solo debemos asegurarnos de que llegue a los sitios donde esto sucede. Debemos bajarle al folclore ambiental”.

El reciclaje ha sido una parte importante de mi vida, una que me ha gustado bastante. Comencé a reciclar desde que estaba en el colegio, con la convicción de que los materiales se debían recuperar. Sin embargo, sabía que para hacerlo bien primero debía aprender lo máximo posible acerca del reciclaje. De esta manera, empecé a hablar con los recicladores de oficio y a separar los materiales en mi casa siguiendo sus consejos. Después le entregaba los desechos reciclables a Don Pedro, el reciclador que pasaba por mi casa, quien los revisaba y me decía: “este material se recicla, este no” y a mi pregunta de por qué algunos no se reciclaban, él me respondía: “porque no me lo compran”.

Don Pedro fue mi primer profesor de campo. Recuerdo que en ese entonces Don Pedro no me aceptaba las botellas de Sprite ya que a él no se las compraban por ser verdes. Queriendo entender por qué no les compraban las botellas verdes a los recicladores, decidí escribir un correo a Coca-Cola en el que les preguntaba por qué embotellaban la gaseosa Sprite en un envase que no se podía reciclar y por qué no se responsabilizaban de sus productos. Coca-Cola me respondió que la botella sí era reciclable pero que en el país faltaba tecnología para hacerlo o alguna línea de reciclaje para ingresarla de nuevo a una cadena productiva. Han pasado diez años y, finalmente, la botella de Sprite sí se puede reciclar en Colombia.Esta experiencia me llevó a concluir que si la botella de Sprite tenía problemas para ser reciclada, muchos otros materiales también los debían tener. Desde ese momento me empecé a interesar más en el tema y se volvió para mí un reto el conocer diferentes materiales y aprender cómo podían recuperarse.

Mientras estudiaba en la universidad, tuve la suerte de visitar con frecuencia una empresa que usaba plásticos como materia prima. Esto me ayudó a aprender más acerca de este material y de su parte técnica. Allí conocí varios procesos nuevos, como la producción de combustible a partir de plástico. Aprendí también sobre las características técnicas del PLA, un bioplástico biodegradable hecho a partir del maíz y que se degrada muy lentamente por la acción de microorganismos. Otro de los materiales que conocí allí fue el bioplástico compostable elaborado a partir de celulosa, el cual se degrada también por la acción de microorganismos pero a una velocidad igual a la de otros materiales compostables, tales como hojas y cáscaras de alimentos, entre otros.

El punto más importante, sin embargo, es que para la correcta disposición de estos plásticos se requieren condiciones especiales de temperatura y humedad, para lo cual se necesitan tecnologías específicas. Por esta razón, es necesario contar con sitios adecuados de disposición final, de lo contrario estos bioplásticos se convierten en un problema más para el medio ambiente. Por ejemplo, para que el biopolímero compostable sea tratado se requieren compostadores industriales que mantengan el material entre los 50 °C y los 60 °C durante aproximadamente dos meses. Si esto no ocurre, dicho biopolímero no será compostable y se convertirá en un problema que a largo plazo llevará a que se pida su prohibición como se sucede actualmente con otros materiales. 

Como consumidores debemos ser conscientes y responsables. No quiero ser tildado de pro-plástico, pero soy realista frente al tema: nos encanta evadir nuestra responsabilidad y buscar culpables. Sin embargo, la responsabilidad de que el plástico termine en los mares, ríos, bosques o montañas es nuestra. Las empresas que producen productos que usan este material no le piden a sus usuarios que los arrojen a la calle, sino que lo depositen en los sitios indicados. 

No obstante, para que la cadena de recuperación sea exitosa, los países deben avanzar hacia tecnologías que permitan la recolección y reciclaje efectivo de los distintos materiales. De lo contrario, acabaremos con problemáticas similares a las que atraviesan Australia, Estados Unidos o Canadá, a quienes China dejó de comprarles el plástico y al no contar con suficientes facilidades de reciclaje, se enfrentaron con un gigantesco problema de acumulación de materiales que aún no logran solucionar. 

Los avances hacia tecnologías que permitan reciclar cualquier material permitirán que tengamos un futuro circular. Ahora miremos la situación desde la parte económica: un kilo de polipropileno cuesta alrededor de 1.23 USD y un kilo de PVC cuesta 1.03 USD, estos dos son los materiales que más usa la industria. Ahora bien, un kilo de biopolímero (usaré como ejemplo el Ecovio que es un bioplástico compostable) cuesta 4.40 USD el kilo. Con esta gran diferencia en precios cualquier proceso industrial que use plástico se verá altamente afectado y llevará a que suceda lo mismo que con la comida orgánica, a la cual muchas personas no pueden acceder por sus altos costos. Es aquí donde debemos tomar decisiones sensatas: o buscamos soluciones ambientales para un 10% de la población o creamos soluciones que abarquen a la mayoría. Desde mi experiencia, prefiero lo segundo. 

Como usuarios reduzcamos el uso y evitemos adquirir materiales que no necesitamos. Como empresarios, implementemos las políticas de la economía circular, una estrategia reconocida a nivel mundial desde los años 90 y de la cual en Colombia apenas estamos empezando a hablar. Esta estrategia propone reducir tanto la entrada como la salida de los materiales, mejorando los flujos económicos y ecológicos de los recursos. 

Por último, como país, debemos generar leyes claras y no permitir la distribución de materiales que no se reciclan. Un ejemplo de materiales no reciclables con distribución masiva es la botella del jugo HIT, hecha a partir de una mezcla de plástico y un nylon plástico. En el país no existe la tecnología necesaria para reciclar estos envases, pero aún así el gobierno permite su producción y Postobón continúa vendiéndolo a pesar del daño ambiental. 

Necesitamos responsabilizarnos todos: ciudadanos, empresas y gobierno.  En el país tenemos como ejemplo a ENKA, una de las pocas empresas a nivel mundial que recupera en su totalidad el material de las botellas PET (envases de gaseosa o agua) para realizar de nuevo la botella. Esto nos demuestra que sí se puede, así que si vamos a hablar de prohibiciones, primero intentemos darle una solución de recuperación al material, aumentando nuestra tecnología y líneas de reciclaje; luego, si no somos capaces de recuperarlo, entonces sí pasemos a la prohibición.

Volviendo al caso de Greta, me imagino así una conversación con ella:

– Hola Greta, dicen que usas plástico.

– Hola David, sí, es verdad, iba en un tren y no tenía otra opción, pero ¿cuál es el problema?

– Dicen que el plástico no se recicla, Greta.

– En mi país Suecia, según ISWA (International Solid Waste Association), nosotros le damos el manejo correcto al 99% de los residuos sólidos generados, así que no es una preocupación muy grande.

– Entiendo Greta, en Colombia nosotros lo que hacemos es enterrar los residuos sólidos. El 83% de ellos termina en estos lugares sin darle ningún manejo, por eso nuestra visión frente a estos materiales es distinta.

– Que extraño David, si son capaces de producir deberían ser capaces de recuperarlo.

– En teoría eso funciona pero falta ir a la práctica, Greta.